Ya me cansé

Entre nubes otoñales sin voz y sin luz aparezco reforzada, por un tiempo duradero y curandero. Ya pasó largo tiempo. Y siempre la misma historia. Y me canso. Me canso de verte y de no verte. De pensar que ya no hay nada y que de repente aparezcas. Me canso. Me cansa.

Me cansa tu voz, que una vez añoré. Me cansan tus palabras, que en tantos versos admiré. Me cansan tu situación y los años. Tanto tiempo con una misma historia, una historia sin fin que parece nunca se zanjará.

¡Pero tantas otras veces dije que me cansé! Y tantas otras volví a tropezar. Y volvería a tropezar. Pero, ¿por qué? Si tus besos ya no causan en mí efectos pasados, ¿por qué insisto? ¿Y tú? ¿Por qué insistes tú? Tal vez porque yo lo hago. Me niego a abandonar un pasado que ya debería ser historia.

Y me vuelvo a perder entre aquellos recuerdos que borraría con placer. Ojalá hubiera una forma… Ojalá pudiera eliminarte de mi cabeza.
No es un texto de desengaño este que escribo. Es simplemente desahogo. Y rabia. Mucha rabia. Porque a pesar de todo el tiempo que ha transcurrido sigo cayendo en tus brazos sin poder salvarme. Y lo que más deseo es que tú encuentres otros brazos y otros labios que me permitan cerrar el círculo y saltar a la siguiente línea. Una línea recta que nadie sabe qué me deparará, pero que cerrará mis heridas, todavía sangrantes. Tu alcohol y tu algodón ya no me curan. Ya no. Solo escuece. Escuece aún más. Y ya me he cansado. Ya me cansé.

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Publicado en on Jueves, 10 noviembre, 2011 at 14:14  Comentarios (1)  
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  1. Hace algún tiempo le dije a alguien por quien sentí lo absurdo del amor algo metafórico que probablemente almacenó en su cabeza matemática como si de una ecuación se tratara. Venía a decir algo así como que mi vida era una sucesión de días que constituyen un círculo entreabierto. Sé que de por sí eso es improbable porque el círculo no tiene apertura alguna. Esa era mi problemática. Cada vez que me cansaba y me producía hastío su persona la línea danzante de mi estado emocional tomaba forma de círculo. A punto estuvo de cerrarse billones de veces. ¿Qué pasaba para que eso no sucediera? Regresaba. Aún así, cuando notaba el hormigueo de la curva, yo, muy en contra de mi coraza, deseaba que apareciera y destrozara la aproximación de las líneas conjuntas. Yo, a pesar de las muchas despedidas que le di a esa historia, deseaba no pasar a otra línea, ausente de ese sentimiento que sólo su voz alimentaba. Yo, yo misma, me maldecía una y otra vez por mi contrariedad. QuerIa construir ese círculo cerrado y al mismo tiempo esperaba que alterara de nuevo mis días, que me destrozara el camino hecho hasta entonces y convirtiera sólo en una curva todo lo existente. Una curva que sólo en sus brazos me llevaría a la cima. Sé que lo habría hecho si hubiera querido. Pero, ¿cuándo llegará el día que sea consciente de que no pasó porque simplemente no quiso? ¿Por qué seguimos justificando la ausencia de lo que puso haber sido? ¿Por qué nos cansamos pero en el fondo queremos tropezar de nuevo? Tania… precioso escrito.


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