Corazón roto

Blue

La felicidad no existe. Es sólo una ilusión. Es sólo lo que un corazón quiere ver, lo que quiere sentir tras haber sentido en el estómago un ligero vuelo de mariposas. Es lo que quiere sentir tras haber oído de una boca amiga una promesa… una promesa inquebrantable…

Y, sin embargo, todo se rompe. Las mariposas se vuelven cucarachas, y la promesa se desvanece en el aire. Aún con dos temas diferentes, el corazón tiembla: en un caso por amor; en el otro, por una amistad profunda.

Nada tiene sentido cuando ambas cosas fracasan… nada.

El cielo se oscurece, la música desafina, las nubes se tornan grises, los árboles forman ramas asesinas, el río de repente puede desbordarse y arrasar con todo… Puede ocurrir esto, pero a ese corazón le dará igual. Ha perdido un posible amor (una antigua amistad, por una tontería), y ha perdido también un amigo.

¿Qué hacer con un corazón solitario, perdido, roto?

No hay remedio, sólo arrancarlo del pecho y enterrarlo en un cofre, cerrado con una llave que después se lanzará al mar, a lo más profundo del océano, para que nadie pueda abrirlo ni, por consiguiente, rayarlo, herirlo aún más…


Foto:
“Blue”, por Las Heras

PD: Un texto del día 01/12/07

Publicado en on Martes, 31 Marzo, 2009 at 11:34 Comentarios (1)
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Locos adorables

El primo de toda la vida, el camarero loco, el amigo guapo del primo, el amigo porreta, y un largo etcétera. ¿Quién no los ha tenido alguna vez? Yo no iba a ser diferente. Y hoy les dedico este artículo (si puede llamarse así), porque están locos, sí, pero resultan adorables y se ganan el cariño.

El primo que prácticamente me ha criado y que ahora me cuida e incluso le cuido yo (un poco) al salir de fiesta. Ese primo al que tanto quiero y que me agrada la estancia en aquellos lugares. ¿Y quién sino él me va a presentar a todos los demás? Es el hilo conductor de todo un proceso.

¡El camarero loco! ¡Claro! ¡Y bien loco! Pero bien adorable también. Le tengo que agradecer haber estado ahí siempre que he ido y acogerme tan cariñosamente en su bar. ¡Por ti! Porque sabes que nadie podrá reemplazarte nunca, y que, aunque no haya ido tantas veces como quisiera por ahí, tú eres el mejor camarero que ha habido y que habrá.

El amigo guapo… mmm… Sí, claro que hay. Un amigo… pues eso, guapo y con buen cuerpo. Pero oh, buen amigo del primo. Inconveniente, aunque cómico. Pero no sólo es guapo, sino que es un buen tipo que me cuida por ser la prima del amigo… Adorables, si ya lo digo.

Acabaré con el amigo porreta, aunque podría no terminar nunca. Los demás que también se den por aludidos. Este… Este es el amigo que siempre tiene un peta en la mano, que dice tonterías y bebe el que más. Tiene apariencia de tipo duro, pero es probablemente el más adorable de todos. No tengo mucho que decir acerca de éste, tan solo que también es un buen chico (los ojos son el espejo del alma) y que le tengo mucho cariño.

Y así termino este pequeño texto que prometí al camarero loco. Como ves, cumplo lo que prometo. Y sí, estos son mis principales locos adorables, y los presento como si de un catálogo se tratase. Y es que, como tal, es complicado elegir a uno, pues en conjunto forman la locura absoluta. Están locos, sí, pero también son buena gente y responsables, que a fin de cuentas es lo que importa. Locos… pero locos adorables.

Publicado en on Jueves, 26 Marzo, 2009 at 15:59 Dejar un comentario

Paz

Silence

Estaba tumbado en una cama. Le dolía todo el cuerpo. Escuchaba pitidos intermitentes y estaba invadido por tubos: en la nariz, en la boca, en los brazos… Todo él eran tubos. Recordaba aquellos tiempos en que podía correr, en que salía a correr con sus pequeños, Ander y Mikel, y su pastor alemán, Thor. Recordaba también cuando conoció a su mujer, su querida Amaia. ¡Cuánto la quería! ¡Cuánto le quería ella! ¡Cuánto había hecho por él! Y él se lo devolvía así: postrado en una cama hasta el fin de sus días. Sabía que eran escasos, pues todo le dolía cada vez más. Ya apenas abría los ojos para recibir a las visitas de familiares que llegaban para verle, y ya de paso, para despedirse.

¡Aquel maldito tumor que se apoderó de su pulmón! ¡Cáncer! ¿Quién demonios lo llamó? ¿Quién decidió que aquello acabara con su vida? ¿Trasplante? Sí, claro. Nunca llegó. ¡Maldita sea! El otro día escuchó a lo lejos a los médicos. Les oyó decir que apenas le quedaban unos días. Entonces escuchó el llanto desesperado de una mujer. Amaia. Ella preguntaba con esperanza si existía alguna posibilidad de salvarle. Los médicos tardaron en contestar, elaborando la respuesta perfecta. Dijeron que ya no había posibilidad de trasplante, pues el tumor se había extendido a otros órganos vitales.

Sentía el fin cada vez más cerca. Escuchó un susurro. Hizo un esfuerzo por abrir los ojos. Observó la habitación. Entonces vio, en el marco de la puerta, a una mujer apoyada. Llevaba un vestido negro que la hacía irresistible. Sonreía. Su tez fina aparentaba una intensa suavidad. Se acercaba lentamente, con una sonrisa preciosa. Él pensaba en Amaia, pero esta mujer le estaba hechizando sólo con la mirada. Se sentó en la cama. Él empezó a sentir menos dolor. El pecho apenas le dolía. Qué paz. Ya no dolía. Él quería preguntar quién era ella, pero no podía articular palabra. Sólo lo pensó. Ella extendió su sonrisa, como si hubiera escuchado su pregunta mental. Le pasó la mano por la frente. Sí, era extremadamente suave. Y muy fría. Él sintió entonces paz. Le dejó de doler todo definitivamente.
Aquella mujer era la Muerte, que venía a dar paz a quien ya no podía soportar más dolor.

Foto: “Silence”, por Las Heras

Publicado en on Sábado, 14 Marzo, 2009 at 17:06 Comentarios (1)

Tan lejos…

Back
Se acerca. El día se acerca, y sin embargo te siento cada vez más lejos. Más ausente, más lejano. Como si ya no quisieras verme. Como si no quisieras besarme. Tal vez no quieres. No lo sé. No lo veo. No soy capaz de verlo. Estás tan lejos… tan lejos… Cada vez que miro al cielo todas las estrellas se parecen a ti, pero me miran. Ellas me miran. Tú no. A ellas las veo cada noche. A ti no. No eres una estrella. Ellas brillan, relucen gritando que quieren vivir, se aferran a la vida, a esa vida que yo no tengo, y que nunca tendré. Una vida brillante, luminosa en medio de la noche oscura.

Mis ojos te buscan en cada esquina, pero no eres tú. Tú ya no estás. Y mi vida ahora está agitada, pero sigo pensando en ti, aunque sea un mísero minuto en todo el día. Por las noches acudes a mis sueños y me susurras que no pasa nada, que todo saldrá bien y que pronto nos veremos, que pronto estaremos juntos. Yo sé que no es verdad. Que nunca estaremos juntos. No como yo quisiera. Y me besas la mejilla, y me abrazas. Y me duermo.

Y los rayos de sol de la mañana me despiertan. Frunzo el ceño y abro los ojos. No estás. Como siempre. No estás, y nunca estarás. Me resigno a ello, pero me duele. Y te vuelvo a recordar. Aquella vez. Imagino la próxima vez, cada vez más cercana. Pero tú tan lejano… tan lejano…

Foto: “Back”, por Caótica

Publicado en on Viernes, 6 Marzo, 2009 at 21:31 Dejar un comentario
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