Líneas

La línea entre el cielo y la tierra. La línea entre los sueños y la realidad. Ascendemos en cuestión de segundos a lo que nos gustaría que fuera. Pero una nube nos da un empujón y nos arroja a lo que realmente es. Y una línea de puntos negros nos destaca la diferencia. No sueñes con imposibles, pues la realidad es más dura. Atiende a lo que te llega sin desear lo que te gustaría que te llegara. La realidad es dura y no podrás cambiarla.

Y el destino está ya escrito por las líneas de puntos negros del fondo. Sólo nos queda llegar. Y si corremos, corremos, y llegamos. Llegamos al destino escrito y no podemos cambiarlo. Pero renegamos de él. Y lo intentamos borrar. Y formamos una mancha, un borrón de tinta corrida. Y escribimos encima. Pero no se ve. Y llega alguien tras nosotros y de nuevo corre la tinta. Y reescribe el destino. Y era el que había antes.

No se debe soñar si se sabe que es imposible. No soñemos con cambios, ni con amores. No soñemos con que se erradique el hambre de todo el mundo. No soñemos con que nos quiera esa persona tan especial. Porque todo eso no se cumplirá. El destino está escrito. Y no podemos cambiarlo. Y aquellos puntitos negros se extienden y ya no dejan espacio para escabullirnos. Los puntos se unen y forman una línea. Ya no tenemos espacio para ascender al cielo y soñar. Es una línea. Una férrea línea que nos impide soñar. Ya ni soñar es gratis. Pagamos un duro precio. La desilusión. La tristeza. Ya ni soñar es gratis.

Foto: “The passenger”, por Las Heras

Publicado en on Domingo, 28 Septiembre, 2008 at 14:47 Comentarios (1)
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Sonreiré

Cuando este sol tan brillante ilumina tu sonrisa. Cuando el ruin y mezquino viento desvanece tu mirada. Cuando dejas de existir, y cuando renaces sabiendo lo efímeros que son los sueños. Si alguna vez me equivoqué, aun sabiendo que me confundía, y continué. Si alguna vez destrocé alguno de tus sueños. Si el destino decidió intervenir fue porque se lo pedimos. Si las ruinas que ahora quedan son de aquel feliz recuerdo, las conservaré.

Cuando sé que no te tengo, y te tengo. Cuando mis sueños se quedan en eso, sueños. Cuando pierdo la razón y recuerdo que se quedó contigo. Si alguna vez quisiste amarme, si alguna vez me sentiste, si algo te lo impidió… Si la luz de la luna se apodera de mi cuerpo, si las estrellas me invitan a irme con ellas, si el viento me agarra de la mano y me lleva volando, me iré.

Porque el dolor no es dolor si lo acompaña el olvido. *Porque la paz, si se consigue mediante la guerra, no es paz.* Porque yo no soy yo si no estás tú. Complejo dilema. Porque mis labios te persiguen, porque mis ojos te sueñan, porque mi vida te pertenece. Y de nuevo más de lo mismo. Y si un escalofrío se apodera de mi cuerpo, de nuevo has aparecido. Y si un suspiro se apodera de mi voz, de nuevo te he recordado. Y si esta luz se apaga, dormiré tranquila en la oscuridad. Y cerraré los ojos. Y se encenderá una luz verde. Verde de esperanza. Y sonreiré. Y te veré. Y te sentiré.

Foto: “El dorado”, por Las Heras

*Frase extraída de un poema que escuché recientemente en el bar Bukowski, en Malasaña.

Publicado en on Jueves, 25 Septiembre, 2008 at 17:00 Dejar un comentario
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Madrid

Madrid. 23 de septiembre. 15 horas y 58 minutos. Madrid. Madrid. Apoyada en el poyo de la ventana, observo. Los coches pasan. El tráfico no perdona. Plaza de España. Verde. Mucho verde. La boca del metro. La gente sube. Baja. Son personas. Y tienen vida. Quién sabe cómo serán sus vidas. Curioso pensamiento. Mi mente, ahora, colapsada. Por rayos de sol que penetran en mi cerebro. Y la deixis, y la semántica, y la retórica…

Al fondo, el Senado. Sí, uno de esos sitios donde se reúnen los que nos dirigen y deciden cosas que no cumplen. Sí, el Senado. Es bonito. Un poco raro. Y en la plaza, niños jugando. Personas leyendo revistas. Parejas abrazadas… ¡Oh, fibra sensible! Parejas. Amor. Se respira amor en este aire. Pero es amor lejano a mí. Un amor que pertenece a otra gente.

Al otro lado, callejones. Callejones entre los que me pierdo. Callejones entre los que te busco y no te encuentro. Y coches, muchos coches. Demasiados coches. Y autobuses. Una ciudad con ruido, sin duda. Pero yo encuentro el silencio. Es sencillo. Sólo hay que cerrar los ojos y sentir la brisa que acaricia la ventana. Sienta tan bien… Y los ruidos se transforman en dulces cantos de pajarillos, ausentes en realidad. Y se callan. Y hay silencio. Un silencio sepulcral.
La playa. Ahora veo la playa. Las olas juegan entre ellas y me invitan. Pero no debo acercarme. Si lo hago, volveré a la realidad. El ruido de los coches es ahora el movimiento de las olas. San Sebastián. Es la Concha. Me encanta. Y aparece tu mirada en el horizonte. Y tu sonrisa. Y tu figura. Sonrío. Te acercas. Me alejo. Y aparecen ellas. Todas aquellas personas que tanto añoro y echo de menos.

¡Pi! Un claxon. Abro los ojos. Sonrío. Logré evadirme de la gran ciudad. Aunque en realidad es esto lo que quiero. Y vuelvo a respirar la polución. Y regreso a la deixis, a la semántica, a la retórica…

Foto: “Madrid”, por Las Heras

Publicado en on at 16:30 Comentarios (1)
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Llora, duele, quema

Llora. Llora el azul del cielo cuando las nubes lo cubren. Lágrimas que se deslizan por el verde de los montes y se estrellan contra el suelo. Llora una flor al ser pisoteada. ¡Pobre florecilla! Tanto esfuerzo para nacer y ponerte tan preciosa para que un desgraciado pose su pie sobre tu cuerpo. Y lloro yo por resignarme a no escuchar tu voz. Lloro.

Duele. Duele una piedra que choca contra mi cabeza. Duele nacer y darse cuenta de que no se merecía. Duele morir bajo tierra, tan cerquita del infierno. Duele saber que el amor sí se termina y que lo que tú sentías no era más que una mentira. Duele… Me duele.

Quema. Quema el sol sobre mi espalda cuando me tumbo a dormir. Quema, mas no me retiro. Quema un mechero al tratar de encender un cigarrillo. ¡Me despisté! ¡Y me quemé! Quema el fuego del infierno donde ardo al huir de ti. Quema. Si estuvieras tú a mi lado, quemaría igual. Pero no importaría. Quema tu cuerpo, es puro fuego. El mismo fuego del infierno. Pero es tu cuerpo. No importa. Da igual. Pero quema. Sí.

Y es que dicen que quien con fuego juega se quema. ¡Y es cierto! Tú eres el mejor ejemplo. Jugué contigo. Jugaste conmigo. Pero yo no soy fuego del infierno. Tú sí. Esa es la diferencia. A mí me quema, me duele y lloro. A ti te da totalmente igual. Y yo no jugué. Yo no sé jugar. Tú sí. Esa es la diferencia.


Foto:
“Orange”, por Las Heras

Publicado en on Sábado, 13 Septiembre, 2008 at 8:20 Dejar un comentario
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¡Idiota!

Hombre. Mujer. Mujer. Hombre. Mujer. Mujer. Hombre. Hombre. Dos pieles que se rozan. Se acarician. Disfrutan bajo una misma sábana. Se encogen sus corazones bajo el calor de un beso. Tiemblan sus cuerpos al ver a otra persona. Sufren al verse humillados. En ocasiones se avergüenzan de sentir. Se avergüenzan de vivir. Porque no se les acepta. Porque se les mira mal. ¿Por qué, si ellos sienten igual? Sienten lo mismo, pero no por la misma persona. En contra de las normas sociales. En contra de todo.

¿Qué importa el sexo cuando se ama realmente? ¿Qué más da si una mujer ama a otra mujer o un hombre ama a otro hombre? ¿Acaso sucede algo cuando un hombre ama a una mujer o una mujer ama a un hombre? ¿Acaso sucede algo cuando yo te amo a ti, que eres un hombre? No. ¿Sucedería algo si yo amara a otra mujer? Sí. ¿Por qué? No lo sé. Por ser rebelde. Por oponerme a las normas. ¿Qué normas? Las impuestas. ¿Qué? ¡Estúpidas normas! Las normas las marca mi corazón, no un papel. No, no están sobre papel. ¿Entonces? ¿Qué clase de normas son si no aparecen escritas? Son normas sociales. ¿Qué tontería es esa? Las normas las marco yo. Si yo quiero amar a un hombre, como a ti, soy libre de hacerlo. Si ella quiere amarme a mí, es libre de hacerlo. Si él quiere amarte a ti, es libre de hacerlo. La correspondencia no es obligatoria. Sufren. Todos sufrimos. Pero no hablemos de normas.

Piensan, luego existen. Sienten, luego viven. Sufren, luego son humanos. ¿Humillarles? ¿Por qué? ¡Qué ridiculez! Humillaré yo a quien les humille a ellos. ¿Que cómo le humillaré? Diciendo que él es el imbécil. Que no hay diferencias. Que él es el marginado por discriminar sin razón. ¡Idiota!

Foto: “Chueca (Madrid)”, por Las Heras

Publicado en on Martes, 9 Septiembre, 2008 at 22:59 Dejar un comentario
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Tu tren

Aún aquí sentada. Aún sigo aquí sentada. Mirando hacia el horizonte. Ese horizonte. En la vía del tren. Aquel tren del que me apeé y en el cual te dejé. Tú continuaste. Yo no. Yo bajé. Nos despedimos. Eran caminos diferentes. No te convenía. No me convenías. Y me bajé. Te di un beso. Y me bajé.

Aún no sé porqué. Fue tan dulce el viaje. Fue tan agradable estar a tu lado. Sólo unos segundos. Pero fue tan bonito. Pero me bajé. Me obligaste a bajar. No querías que siguiera tu camino. Dijiste que debía tomar otro tren. Otro cuyo destino fuera la sabiduría y el éxito. Tú no bajaste conmigo. Me abandonaste.

Y ahora sigo aquí. Sentada en la vía del tren, en el punto exacto donde me dejaste. Miro el interior de cada tren. ¡En alguno has de ir tú! Y me subiré. Me subiré en el mismo. Y te besaré. Y volveré a abrazarte. ¿Y tú? ¿Qué pasa contigo? ¿No volverás a pasar por aquí? Aquí sigo, has de saberlo. Esperando un tren. Esperando el tren correcto. Esperando tu tren.


Foto:
“Nacho”, por Las Heras

Publicado en on Miércoles, 3 Septiembre, 2008 at 23:42 Dejar un comentario
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Sentimientos

Sentimientos que resurgen. Sentimientos que desaparecen. Sentimientos que corren, saltan, nadan, duermen y explotan. El dolor se desvanece y aparece la locura. Las nubes que cubren mi cielo se descargan poco a poco. Llovizna. Llueve. Y aparece el arcoiris. Los sentimientos se van con las nubes. Les piden permiso. Quieren huir. Sólo se quedan conmigo unos pocos. Se aclara el día. Crece la hierba. Resurgen los colores de la madre naturaleza.

Pérdidas que dejo de lamentar y acaricio otras nuevas. Llegadas inesperadas que me producen demencia. Sí. Es tu ausencia. Porque el olor a tu lluvia inunda mis pulmones. Sonrío. Sí. Moriría tan a gusto ahogada por tu agua. Mas deja de llover. El arcoiris regresa. Y salto. Salto. Me pierdo en la hierba. Me tumbo. Ruedo. Giro. Y río.

Los sentimientos se fueron con las nubes. Me abandonaron. Ahora sólo me queda un beso. El primer beso. Los sentimientos se fueron. Se ven nubes a lo lejos. No son negras, no, qué va. Son verdes. Verdes de esperanza. Verdes. Nubes verdes. Nubes. Sentimientos. Los sentimientos van unidos a las nubes. Aquellos sentimientos huyeron al lado de las nubes negras. Pero ahora vienen nubes verdes de esperanza. ¿Sentimientos? Quizá. Sentimientos de esperanza. No lo sé. Sentimientos. Nubes. Verdes. No lo sé. Sentimientos. No lo sé. Quizá. Tal vez.



Foto:
“Copa”, por Las Heras

Publicado en on at 23:25 Dejar un comentario
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