
Un granito de arena arrastrado por el viento. Un granito más otro granito, y otro más… Y se formó la duna. ¡Y la duna se derrumbó! ¿Por qué? Porque volví a escuchar tu voz. Tu voz. Profunda y penetrante. Una de esas voces que a mí tanto me gustan y que me hacen alterar… Tu voz.
Fui creando una montaña con pequeñas cosas positivas que me iba brindando ahora la vida. Me iba alimentando de los placeres de una nueva vida sin ti (no por ello mejor). Pero esa duna que creé, esa montaña que tanto esfuerzo me ha llevado construir, ¡se derrumbó!
Pero no estoy triste… oh, no, qué va. Al contrario. Me encantó hablar contigo. Me encantó volver a escucharte decir cosas que echaba de menos. Tonterías, meras tonterías. Pero TUS tonterías al fin y al cabo. Juraste que querías verme. Yo te dije que no faltaba mucho.
Pero no voy a dejar que la ignorancia y la ingenuidad de antes me arrastren. No. Voy a estar contigo. Porque quiero. Pero no cerraré las puertas que se me abran de ahora en adelante. Te quiero y lo sabes. No puede ser. Así que lo aceptaré. Ya está aceptado. Pero quiero besarte. Lamento ser tan clara, pero yo poseo la claridad de la que tú careces. Y es así. Quiero besarte de nuevo. Sí. Quiero tocarte. Aun sabiendo que nada más puede pasar, quiero hacerlo. Quiero besarte.
Y quiero que al despertar, agazapada entre tus brazos, me susurres al oído cosas preciosas, y que tu voz se convierta en mi cómplice, en mi seguridad, en mi sueño. Quiero que tu voz no desaparezca nunca de mis recuerdos. Que si alguna vez he de olvidar todo lo que fuimos, la voz permanezca. Quiero recordarla. Quiero que, en mi lecho de muerte, antes de morir, lo último que oiga sea tu voz susurrándome al oído que aún me quieres. Porque es especial. Porque es única. Porque es tu voz. A pesar de los comentarios absurdos que puedan salir de tu boca; a pesar de las frases ridículas que articulan tus labios; a pesar de todo eso, es tu voz. Tu voz. Tu voz y nada más.
Foto: “Amanecer”, por Caótica










Jodó, Tania! Toda una declaración de intenciones. Antes de llegar al tercer párrafo todo lo que leía no me sorprendía, era lo ”normal” en tí. Pero el último párrafo ha hecho que se derrumbe mi duna, me has desbaratado por completo al leer tus peticiones, cual carta a los reyes magos. Si es que, por muy jóvenes, almas libres, independientes, modernos que nos hagamos creer que somos, todos (sí, todos) tenemos que sacar de vez en cuando la actitud conservadora. Mostrando que también necesitamos que exista algo/alguien que permanezca invariable (a nuestro lado), que nos de seguridad, que haga que el mundo se pare, que nos permita alcanzar el poder por unos segundos…