Sólo un sueño

Por fin. Por fin. Por fin me tumbé en la verde y húmeda hierba del parque del Retiro. Por fin pude disfrutar del sol y de la brisa de la sombra. Del azul del cielo despejado de nubes. Del cantar de los pajarillos, que también osaban acercarse y posarse sobre mi bolso o mis zapatos. De su revoloteo y juego continuo entre los árboles.

Por fin cerré los ojos y me dejé llevar a un sueño profundo. Por fin me permití soñar, tras tanto tiempo en la realidad. Soñé con que ese momento no llegara nunca a su fin; con que los pajarillos me regalaran eternamente su precioso canto, más relajante que cualquier creación artística del ser humano; y, cómo no, soñé contigo. Tenía los ojos cerrados, pero en el horizonte veía tus ojos. Sólo tus ojos. Poco a poco tu figura se fue componiendo: tu sonrisa, tu pelo, tu cuerpo… Me guiñas un ojo. Sonrío. ¡Ahora no puedo abrir los ojos! ¡No debo! Si lo hago, te desvanecerás y la luz del sol me dañaría. Es mi única oportunidad para verte. Sonríes de nuevo y te aproximas. Sigo sonriendo. Cierras los ojos y te acercas más a mí. Vas a besarme. Cierro los ojos aun teniéndolos ya cerrados. Quiero sentir tu beso.
Pero no. Mi amigo me despierta y abro los ojos, inquieta. No. ¡Maldita sea! ¡Desapareciste! Otra vez. Desapareciste. Fue un sueño. Sólo uno más, uno de tantos. Fue sólo un sueño.


Foto:
“Retiro”, por Caótica

Publicado en on Viernes, 27 Junio, 2008 at 19:57 Comentarios (1)
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Tu voz

Un granito de arena arrastrado por el viento. Un granito más otro granito, y otro más… Y se formó la duna. ¡Y la duna se derrumbó! ¿Por qué? Porque volví a escuchar tu voz. Tu voz. Profunda y penetrante. Una de esas voces que a mí tanto me gustan y que me hacen alterar… Tu voz.

Fui creando una montaña con pequeñas cosas positivas que me iba brindando ahora la vida. Me iba alimentando de los placeres de una nueva vida sin ti (no por ello mejor). Pero esa duna que creé, esa montaña que tanto esfuerzo me ha llevado construir, ¡se derrumbó!

Pero no estoy triste… oh, no, qué va. Al contrario. Me encantó hablar contigo. Me encantó volver a escucharte decir cosas que echaba de menos. Tonterías, meras tonterías. Pero TUS tonterías al fin y al cabo. Juraste que querías verme. Yo te dije que no faltaba mucho.

Pero no voy a dejar que la ignorancia y la ingenuidad de antes me arrastren. No. Voy a estar contigo. Porque quiero. Pero no cerraré las puertas que se me abran de ahora en adelante. Te quiero y lo sabes. No puede ser. Así que lo aceptaré. Ya está aceptado. Pero quiero besarte. Lamento ser tan clara, pero yo poseo la claridad de la que tú careces. Y es así. Quiero besarte de nuevo. Sí. Quiero tocarte. Aun sabiendo que nada más puede pasar, quiero hacerlo. Quiero besarte.

Y quiero que al despertar, agazapada entre tus brazos, me susurres al oído cosas preciosas, y que tu voz se convierta en mi cómplice, en mi seguridad, en mi sueño. Quiero que tu voz no desaparezca nunca de mis recuerdos. Que si alguna vez he de olvidar todo lo que fuimos, la voz permanezca. Quiero recordarla. Quiero que, en mi lecho de muerte, antes de morir, lo último que oiga sea tu voz susurrándome al oído que aún me quieres. Porque es especial. Porque es única. Porque es tu voz. A pesar de los comentarios absurdos que puedan salir de tu boca; a pesar de las frases ridículas que articulan tus labios; a pesar de todo eso, es tu voz. Tu voz. Tu voz y nada más.

Foto: “Amanecer”, por Caótica

Publicado en on Domingo, 22 Junio, 2008 at 1:07 Comentarios (1)
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Noche de verano

Es de noche, en teoría una noche de verano, aunque prácticamente no lo parezca. A pesar de la brisa, algo fría, que sopla, me asomo a la ventana. Silencio. No respiro. Más silencio. La ciudad duerme. Todos aprovechan la noche para refugiarse en sueños, la mayoría provocados por el subconsciente, en los que se vislumbran problemas o placeres que las personas guardan en sus cabezas.

Debería deshacer la cama y meterme. Mañana es un día rutinario, de trabajo. Pero a mí me parece diferente. Asomada a la ventana, observo cómo, mientras la gente duerme, el tiempo continúa pasando. Es un día de esos en los que se reflexiona acerca de la vida en general. Y es que ningún día es igual al anterior, ahora estoy más segura que nunca. Una vez metido en la cama e hipnotizado por un sueño profundo, no sabes qué aventuras y desventuras traerá consigo el siguiente amanecer, ni siquiera la siguiente hora, el siguiente minuto o el futuro segundo que roza el presente y ya es pasado.

En un momento como éste, acogida por una preciosa luna, múltiples y maravillosas estrellas y, aunque fría, una delicada brisa, pienso… Pienso que es cierto, que la vida existe para vivirla, para darse cuenta de que cada cual es dueño de la suya y que no hay ninguna más para utilizar como motivo para desaprovechar esta. Es un juego de palabras, pero acertado… ¿o no? Alguien nos ha puesto aquí para que apreciemos el valor de lo que no se ve y que realmente es importante: la amistad, el amor, la afectividad, el cariño… esos sentimientos que todos llevamos dentro, que nos hacen ser semejantes y sin diferencias de clases, ni razas, ni riqueza ni pobreza, y que, por mucho que avance todo, no los paga y nunca los pagará el tan sucio dinero, que todo lo desea.
También hemos sido colocados aquí para apreciar lo que nos rodea. Y no me refiero a la piscina que hay enfrente de casa o a la consola del vecino… oh, no, amigos. No hay más que mirar al cielo: en el día, para observar las juguetonas nubes que gustan de formar imágenes; y en la noche, para apreciar la luna, las estrellas, y el brillo de cada una de ellas. También se puede salir de la ciudad en que se vive y, sin alzar la cabeza al cielo, se puede sentir el corazón acelerarse al ver un precioso bosque, con sus graciosos animalillos; o praderas; o el océano, con sus sinuosas olas saludando y despidiéndose a la vez; o, simplemente, montañas, grandes o más pequeñas, coronadas por una maravillosa capa de nieve.

O, sin ir más lejos, se puede apreciar el valor de la vida al descubrir que alguien te ofrece su hombro para llorar, que alguien te hace llorar a ti para que abras los ojos y veas la realidad, que alguien te apoya y te hace reír… o, simplemente… al alzar los ojos, cansados de llorar, y, sintiendo al corazón su ritmo acelerar, descubrir una sonrisa o una mirada que te hace temblar…

Foto: “Atardece”, por Caótica


PD:
Un texto del día 12/07/07

Publicado en on Sábado, 21 Junio, 2008 at 15:27 Dejar un comentario
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